Queridos Padres, apoderados, profesores, compañeros que hoy se licencian, comunidad toda.
Es una tarea difícil poder interpretar todos los sentimientos que pueden estar pasando en este momento por las mentes y corazones de cada uno de mis queridos compañeros y compañeras, pero quiero comentarles a modo personal que este espacio educativo me ayudó a realizarme como persona en muchos aspectos: ya no soy el mismo niño sumiso, “Pollo”, que llegó el año 2008 desde el Colegio San Gabriel a este nuevo lugar, tan desconocido como esperado; mis ganas eran tremendas de llegar aquí. Pero, de a poco, en los primeros días, comencé a extrañar todo lo que en mi antiguo colegio tenia. La preocupación constante de los y las inspectoras, los profesores que te trataban como niños, etc.
No pasó mucho tiempo hasta que mi nueva casa educativa comenzó a atraparme con sus recreos musicales, sus entretenidos inspectores, sus bellas niñas, pero sobre todo la unidad, esa unidad que hace del Colegio San Rafael el mejor de todos. Es una sensación tan extraña y sin explicación, que sólo hay que vivirla para sentirla, y el que la siente, queda en un verdadero estado de enamoramiento.